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►C◄ El secreto masónico

 

Leyendas urbanas XV

El secreto masónico

 

La revelación del secreto es el punto

culminante de la iniciación masónica

HORACIO VELMONT

La posesión de un secreto que los demás ignoran hace importante a cualquier organización, y más interés despierta si existe la creencia de que ese secreto es superpoderoso y que abrirá las Puertas de la Sabiduría y que, por supuesto, sólo se revelará a los que lleguen a determinado grado de la escala jerárquica. Este truco de hacer creer a la gente que se posee un secreto de tal magnitud alcanza su máxima expresión en la Masonería.

No puedo creer que los humanos sean tan ingenuos…

Los conejos somos tan prolíficos

porque usamos el truco del secreto…

 

 

Mira, Genoveva, yo tengo un importante secreto que nunca he revelado a nadie, pero a ti te lo confiaré si me das una prueba de amor…

 

 

¡Con el cuento del secreto caí como una tonta!

 

JORGE OLGUÍN

En realidad, el secreto masónico existe, y es que se trata de una organización exclusivamente comercial, compuesta en la cúspide por doce miembros, que son los únicos que lo conocen y que sólo lo revelan, cuando algunos de ellos muere, a quien lo sustituye. El resto son simples aportadores de dinero para una causa que se les hace creer altruista.

¡Quiero saber quién violó la regla del

silencio y reveló nuestro secreto!

Cuando los Maestros de Luz revelaron que el secreto masón es precisamente el secreto de que no existe ningún secreto, la cúpula masónica se alborotó y de inmediato pensaron que alguno de ellos los traicionó…

¡Hola! ¿alguien sabe donde está la sede de la Masonería?

Las ceremonias masónicas son tan ridículas y humillantes que una persona siquiera un poco lúcida no podría soportarlas. Algunos masones que han solicitado su supresión ignoran, por un lado, que operan a modo de despiste para las autoridades haciéndoles creer que la Masonería se ocupa de cosas de niños y que por lo tanto no hay que preocuparse por ella, y que por el otro operan como un filtro, de forma que sólo pasen la iniciación aquellos que no se hagan demasiadas preguntas sobre la razonabilidad de los ritos. Por eso la Masonería ama a los tontos y a los sumisos…

Así es querido Bambi, tú nunca serías aceptado

en la Masonería, eres demasiado despierto…

 

 

 

LA VERDAD SOBRE LA MASONERÍA

 

POR HORACIO VELMONT

 

 

I

EL SECRETO MASÓNICO

 

Había una vez un rey muy astuto que tenía un gran secreto dentro de una caja y con el cual manipulaba a sus súbditos haciéndolos trabajar de sol a sol y obligándolos a pagar cuantiosos tributos. El rey había hecho saber que solamente aquellos que durante su vida hicieran muchos méritos podrían ver el contenido de la caja. Era un secreto muy importante porque nadie, ni aun los más grandes sabios del reino, habían podido descubrir. Pero un día un niño se coló sin que nadie lo viera hasta la habitación del rey y abrió la caja y supo cuál era el gran secreto y lo divulgó. Pero como se trataba de súbditos muy estúpidos no le creyeron y siguieron trabajando de sol a sol y pagando cuantiosos tributos.

 

Lo primero en que hay que insistir es que la Masonería no posee ningún secreto y que todo el famoso "secreto masónico" es pura fantasía.

Nos estamos refiriendo, claro está, a algún tipo de secreto tan grandioso que pueda abrir mágicamente las Puertas de la Sabiduría o conferir poderes vaya uno a saber con cuáles alcances. Esto se deja a la imaginación de cada uno.

Aquí hay que poner de presente dos cosas: en primer lugar, que nada está oculto, dependiendo el "ver" de la capacidad de comprensión de cada uno.

En otras palabras, lo que un salvaje toma como un vidrio sin valor alguno el sabio puede ver una joya de valor incalculable. Pero la piedra está a la vista de todos.

En segundo lugar, que "el secreto se protege solo", significando esto que el "secreto" puede ponerse a la vista de todo el mundo y muy pocos se darán cuenta.  

Estas afirmaciones pueden apreciarse cabalmente con el material del Grupo Elron, que está a disposición de todos en la Red pero que sólo lo "ven" aquellos que están preparados para verlo.

Los llamados escépticos han visto las enseñanzas de los Maestros de Luz y no las comprendieron porque no estaban en tiempo de comprender, y así, mientras algunos, que hoy son seguidores del Grupo Elron vieron perlas, ello vieron solamente vidrios.

Esta falta de comprensión la hizo notar el Maestro Jesús a sus discípulos cuando les dijo "no deis perlas a los cerdos", con lo que les quiso señalar que no debían perder el tiempo enseñando a quienes no estaban capacitados aún para comprender.   

¿Cuál es entonces el secreto mejor guardado? Pues aquel que nadie podrá descubrir: ¿Cómo podría descubrirse un secreto que no existe?

Por eso el secreto masónico es el secreto más secreto de todos los secretos, y este secreto es tan poderoso que aunque se difunda a los cuatro vientos nadie se dará cuenta.

Cualquiera puede hacer la prueba yendo a una plaza pública a gritar: "¡He descubierto el secreto masónico, y es que en realidad no hay ningún secreto!".

El resultado será la total indiferencia, lo que confirmará, una vez más, que "el secreto se protege solo".

Y cabe la última reflexión: ¿Cuántos de los que han leído hasta aquí creerán que el secreto masónico es precisamente que no existe ningún secreto?

 

 

II

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA MASONERÍA

 

La Masonería, en esencia, es simplemente una empresa comercial, netamente utilitarista, que busca el dinero como medio de obtener poder -poder político, se entiende- para manipular.

Naturalmente que esta verdad se oculta disfrazándola de espiritualidad, porque ¿quién sería tan necio como para poner dinero en una "orden" que bajo la excusa de una evolución espiritual su verdadera finalidad es esencialmente el enriquecimiento de unos pocos para manipular a los muchos?

Pero hay algo más. El ocultamiento se debe a que los medios que utilizan para obtener dinero la mayoría de las veces no son lícitos. El dinero, para la Masonería, es siempre dinero y no importa de donde provenga: coimas, pornografía, narcotráfico, etc. Como dice el Evangelio, "el que obra mal odia la luz".

El secreto forma parte de la esencia misma de la Masonería, porque el día en que se dejara a un lado el secreto, ese mismo día estaría irremisiblemente perdida.

Es obvio que no se organizan sociedades secretas para marchar al unísono con la sociedad en que se vive: el secreto es necesario precisamente cuando se quiere conspirar contra ella. Y esto es lo que hace la Masonería.

Lo que se ve en la Masonería, sea uno masón o no, no es sino una apariencia destinada a engañar sobre lo que no se ve.

El secreto no solamente es para los profanos, sino también para todos los adeptos que no formen parte de la cúpula.

La prueba está en que no hay nadie que pueda decir con certeza cuál es el fin de la Masonería, y eso que ya lleva dos siglos de existencia en la organización actual.

Y esta pregunta no sólo se la hacen los profanos sino también los mismos masones (¡que no forman parte de la cúpula, claro está!).

Si se preguntara a los masones cuál es el fin que se propone la Masonería, la mayor parte responderá que es la beneficencia o que es el socorro mutuo en el trabajo, en el comercio, etc. Otros, los aficionados a banquetes, tal vez digan que es el tener de vez en cuando unos momentos de esparcimiento entre amigos. Otros más dirán que es el estudio, y así sucesivamente.

No es de creer que todos ellos digan lo que no sienten, y sin embargo sus respuestas mismas están manifestando que no saben de la historia de la Masonería, ya que son víctimas de un engaño intencional.

En la Masonería se le hace creer al iniciado que de lo que se trata es construir un templo espiritual. Se le explican los símbolos, pero es engañado a propósito con falsas interpretaciones, pues no interesa que los entienda sino que crea que los entiende.

De más está decir que los símbolos que se utilizan en la Masonería no tienen ningún significado, o, en todo caso, tienen el significado que cada uno le quiera atribuir.

¿Quiénes entran en la Masonería? Un ritual de los Jueces Filósofos Desconocidos dice que "debemos aumentar el número de nuestros hermanos, pero con discreción".

A la Masonería no le interesa que entre en ella todo tipo de personas, ni siquiera que persevere en ella cualquiera que entre.

Todo está calculado para hacer la selección que convenga a los planes de la cúpula.

En primer lugar, la iniciación misma es un buen filtro que no deja entrar a los que tienen demasiada independencia como para dejarse gobernar por un poder oculto, cuyos fines se ignoran así como quienes son sus verdaderos representantes.

Los demasiados curiosos, los escépticos –que se dejarían llevar con demasiada inquietud a investigar los verdaderos secretos de la Masonería o no estarían dispuestos a creer todo lo que en su nombre se les dice, y amenazarían revolver el gallinero–, pueden también quedar detenidos por las ceremonias de la iniciación, que son demasiado humillantes y ridículas para que todos puedan pasar por ellas y quedarse satisfechos.

La selección comienza, en realidad, con las pruebas de iniciación. Enseguida viene el trabajo de formación –mejor dicho de deformación– que es el tiempo en que se conoce mejor al iniciado y a sus aptitudes para servir a los planes de la institución.

Si manifiesta buenas aptitudes será elevado a los grados superiores. Si no las manifiesta, si no presta servicios ni da esperanzas de prestarlos, se le dejará vegetar mientras dé su contribución monetaria (que en última instancia es lo único que le interesa a la cúpula) o hasta que se aburra solo y se vaya, sobre todo cuando no hace mucho honor a la institución.

Si hay algún hermano que se muestra demasiado recalcitrante como para penetrarse del espíritu de la orden, se le hostiliza, y si hay algún pretexto para ello, se le condena o se le expulsa como indigno de estar en compañía de tanto "virtuoso". Si la falta no es muy grande, se le suspende y se le deja dormir.

Los que se retiran de la Masonería, sin embargo, no han sido del todo inútiles. La institución tiene demasiada sagacidad y experiencia como para no saber aprovechar las fuerzas y la posición social de cada cual, y solamente cuando ya no se espera más del hermano, cuando haya dado de sí todo lo que podía dar a favor de la institución, sólo entonces se le dejará a un lado, se le postergará y finalmente se le olvidará.

Una de las cosas más importantes en la Masonería está constituida por la contribución monetaria que tiene que hacer cada masón a la orden, ya que la institución tiene muchos gastos ordinarios y también extraordinarios, no tanto en las obras de beneficencia, como ostentosamente se pregona, sino en obras de propaganda, política, fiestas, etc.

Hay especial prohibición de los reglamentos para admitir a profanos que no puedan soportar las cargas de la institución. Existen impuestos ordinarios, como cuotas, derechos de matrícula o de ascenso, precio de insignias, etc.; hay entradas extraordinarias, provenientes de multas, donaciones, legados y quizás subvenciones gubernativas.

En este aspecto es donde los masones pudientes prestan especialmente sus servicios a la orden, y para ese fin particular se les inicia en ella.

En cuanto a las ceremonias masónicas, son tan ridículas y cretinizantes que hasta los mismos masones han pedido, sin resultado, que las supriman.

La razón de que se las conserven es obvia: despistan a las autoridades haciéndoles creer que la Masonería se ocupa de cosas de niños, o a lo sumo en ridiculeces.

Sirven, también, de obstáculos para que no entren en las logias los demasiados despiertos que por carecer de docilidad puedan perturbar a la institución con sus indagaciones y terminar siendo peligrosos. La Masonería ama a los tontos y a los sumisos.

Además, sin duda, sirven para la formación misma, es decir, para predisponer a los iniciados a la aceptación de las sugestiones del poder oculto que dirige la Masonería.

Con ese fin se les trata como chicos de tres, cinco o siete años, según el ritual y se les obliga a hacer marchas y contramarchas como a los niños de la escuela.

¡Y pensar que muchos encumbrados personajes -congresistas, ministros, diplomáticos, generales, y aun jefes de Estado-, han hecho su carrera preparándose con semejantes ejercicios!

Pasemos ahora a lo que se hace en las reuniones masónicas. En las reuniones uno escucha las conferencias y también las da. Ésta es toda la historia.

¿Sobre qué versan las conferencias? Simplemente sobre lo maravillosa que es la Masonería y, por supuesto, sobre sus enemigos, que puede ser cualquiera que se oponga a la orden (el tener un enemigo común siempre fortalece la unión y ya sabemos cómo también el odio es el medio más fácil para dirigir a las masas hacia dónde uno quiera dirigirlas).

Una cuestión interesante para destacar también es la de los nombres rimbombantes que se le dan a los títulos masónicos, los cuales son muy útiles como medio de estupidización.

El cardenal José María Caro Rodríguez, que ha estudiado bien a la Masonería y ha dado pautas certeras sobre ella (aunque con su paranoia se equivocó al atribuirle como fin la destrucción del cristianismo), dice respecto a estos títulos rimbombantes: "No vayamos a creer que los masones se contentan con títulos tan modestos como los de aprendiz, compañero y maestro, para designar los miembros de los altos grados, por más que la igualdad sea uno de sus lemas. No sé que haya otra institución que haya inventado títulos tan rimbombantes para distinguir su jerarquía, como la Masonería. Y ahí van unas muestras, tomadas del rito escocés antiguo aceptado: el masón del cuarto grado se llama Maestro Perfecto, el del 11º, Sublime Maestro Electo; el de 16º, Príncipe de Jerusalén, Gran Consejo Jefe de las Logias; el del 19º, Gran Pontífice o Sublime Escocés de la Jerusalén Celeste; el del 28ª, Caballero del Sol o Príncipe Adepto; el del 30º, Caballero Kadosh o Gran Inquisidor, Gran Electo, Caballero del Águila Blanca y Negra; el del 32º, Soberano Príncipe del Real Secreto, etc."

Ahora bien, ¿cómo ha podido saberse lo que se oculta en las logias y en el círculo juramentado de la Masonería? La respuesta es simple: ha habido algunos masones que al darse cuenta de los manejos perversos de la institución, han considerado revelar sus secretos -aunque no hayan podido desentrañar el secreto último- para que otros no caigan en sus nefastas redes y sean manipulados y estupidizados.

Además, las revistas masónicas deslizan, sin darse cuenta, mucha información sobre la orden, que si bien aislada no revela nada, cuando un hábil investigador recopila todos los datos y los compagina puede tener sobre la Masonería el juicio cabal que conviene tener.

Recuerdo en este sentido haber leído que el dueño de un periódico había descubierto el secreto de la bomba atómica simplemente recopilando las publicaciones donde los científicos hablaban de ella, creyendo que los datos parciales ocultaban el procedimiento para fabricarla ("un grano no hace granero, pero ayuda al compañero").

Por último, nada mejor para conocer la cara oculta de la Masonería que transcribir los diálogos que he tenido con el Maestro Ron Hubbard, uno de los principales guías espirituales de nuestro grupo.

 

¿Qué se hace en las reuniones masónicas? La respuesta es tan sencilla que asombra siempre a los que la oyen por primera vez. En las reuniones masónicas se comienza por escuchar predicaciones, y más tarde uno mismo las hace. Las logias son lugares donde a uno se le predica y donde uno predica y nada más. ¿Sobre qué versan las predicaciones? Sobre dos temas principales, que vuelven sin cesar: a propósito de todo y a propósito de nada. Copin-Albanelli.

 

Lo que las fábulas cuentan del personaje mitológico llamado Proteo, a quien no se le podía apresar por la variedad de formas con que se presentaba, se realiza con exactitud en la Masonería; ella, como el personaje aludido, cambia de forma según le conviene: unas veces es monárquica, otras republicana y otras veces comunista; unas veces enciende la revolución, otras veces defiende el orden; unas veces patrocina doctrinas y reconoce como suyos los hechos de sus miembros; otras veces, sobre todo cuando son tales que despierten a la execración pública, se lava las manos y atribuye esos hechos a la exageración o apasionamiento personal del que los llevó a cabo. Cardenal José M. Caro Rodríguez.

 

Los norteamericanos suelen, por sarcasmo o quizás en serio también, dar a algunos masones el título de Brillantes, a otros el de masones del grado de cuchillo y tenedor y a otros el de masones mohosos. Los masones brillantes son los que se saben las ceremonias y las practican al pie de la letra. Parece que hay muchos sencillos que creen que en eso consiste la perfección masónica y quedan muy pagados del título; los de cuchillo y tenedor son los que piensan que todo el fin de la Masonería es el tener buenas comilonas, y los mohosos, son los que vegetan en la Masonería, sin preocuparse mucho de adelantar en el conocimiento de sus doctrinas y propósitos. Creo que entre nosotros hay muchos masones mohosos, es decir, caballeros serios y honorarios, que están en la Masonería sin saber por qué ni para qué, como no sea para contribuir con su dinero y con su nombre a que otros realicen lo que a ellos les causaría horror, si lo supieran. Cardenal José M. Caro Rodríguez.

 

 

 

SESIÓN DEL 16/12/03

 

Médium: Jorge Olguín.

Interlocutor: Horacio Velmont.

Entidad que se presentó a dialogar: Ron Hubbard, fundador de Dianética y Cienciología. 

 

Interlocutor: ¿Es usted, Maestro Ron?

Ron Hubbard: Así es… Veo que has trabajado bastante…

Interlocutor: Si, la verdad que sí, porque este asunto de la Masonería, que seguramente me lo han sugerido ustedes en mi Cuerpo causal, me ha dejado completamente perplejo. He estudiado toda la documentación que he podido bajar de Internet y no pude desentrañar cuál es el famoso secreto masónico…

Ron Hubbard: Te lo hemos sugerido porque es importante dar a conocer que lo que parece trascendente muchas veces no lo es.

Interlocutor: ¿Es el caso de la Masonería?

Ron Hubbard: Así es.

Interlocutor: Para despejarme la mente de un golpe vamos a suponer que usted sea un masón del más alto grado y al que yo le pueda preguntar todo sobre la Masonería. ¿Puede ser?

Ron Hubbard: Sí, perfectamente.

Interlocutor: La pregunta entonces es, naturalmente, cuál es la finalidad última de la Masonería. Desde ya le adelanto que no me cierra lo que dicen los católicos que es una conspiración judía para derrotar al cristianismo…

Ron Hubbard: En la mayoría de los países del mundo occidentales hay masones y ser masón no les impide cumplir con sus rituales religiosos, por lo que eso de que están en contra de la Iglesia o que buscan su destrucción es algo totalmente absurdo.

Los masones se ocupan más de la política que de la religión. Del poder político más que todo. En el Siglo XIX, en varios países de América había muchos masones que estaban dentro de las cúpulas de los gobiernos.

Incluso en los países emergentes donde todavía había virreyes, a medida que se hicieron las juntas de gobierno, pongo el caso de la Argentina, muchos representantes eran masones y ellos no cumplían ninguna función más allá de creerse que dentro de esa orden había una hermandad secreta.

Esta creencia se acentuaba porque cada miembro solamente conocía a una parte de la totalidad.

Incluso el que dirigía cada cúpula decía que no se podía conocer a todos los miembros porque era una medida de seguridad para evitar que si algún masón era detenido no podría acusar a quienes no conocía.

Digamos que si en una cúpula política había cien miembros yo, adepto, conocía a veinte, otro conocía a otros veinte, pero en realidad no se conocían todos sino solamente a una parte.

Maniobras como la mencionada fortalecían la creencia de que estaban perteneciendo a una hermandad secreta.

Interlocutor: ¿Pero cuál era la base?

Ron Hubbard: No había ninguna base, ninguna propuesta, ningún mensaje. Es como esas hermandades secretas de las Facultades o Universidades de Estados Unidos que hacen simplemente pactos de estudiantes o con supuestos demonios, pero si uno va a hablar con alguno de ellos y pregunta quiénes son los otros dirán sinceramente que no los conocen.

Algunos se ocultan tras las máscaras, otros están con capuchas, no se conocen entre ellos y no hay ningún mensaje de ninguna naturaleza ni nada que se le parezca.

Y todas estas actitudes crean un misterio donde no lo hay.

Interlocutor: ¿Usted me está queriendo decir que lo único que hay de contenido en la Masonería, y valga la paradoja, es el vacío?

Ron Hubbard: Así es, lo único que llena ese vacío es el misterio.

Interlocutor: Maestro, si antes de venir a la sesión estaba perplejo, confieso que ahora lo estoy más… ¿Quién es el capo máximo de la Masonería?

Ron Hubbard: No hay una sola persona que mande, sino que en cada país hay un representante.

Interlocutor: ¡Pero alguno tiene que ser el capo máximo!

Ron Hubbard: No, porque van rotando.

Interlocutor: ¿Y cuál es la finalidad de la Masonería desde el punto de vista de la cúpula?

Ron Hubbard: Poder y dinero.

Interlocutor: ¿Cómo poder y dinero? ¿No hay otra finalidad?

Ron Hubbard: No hay ninguna otra finalidad más que poder y dinero.

Interlocutor: ¿Pero no hablan de que adoran al Arquitecto del Universo y todas esas cosas?

Ron Hubbard: Son frases rimbombantes pero huecas, sin contenido alguno. Nosotros sabemos, como grupo −me refiero al Grupo Elron− cuantas asociaciones, cuantas sectas, cuantas organizaciones dan mensajes puramente declamatorios, completamente superficiales, totalmente vacíos de contenido.

Y en la Masonería no solamente dan mensajes rimbombantes sino también otorgan títulos rimbombantes… 

Interlocutor: Entiendo… Entre los propósitos de la Masonería, que por lo que veo son totalmente materiales, ¿para nada está la destrucción de la Iglesia Católica?

Ron Hubbard: Si la Iglesia Católica se metiera en la organización trataría de desacreditarle de cualquier manera solamente como un medio de defensa, pero no destruirla.

La destrucción o el intento de destrucción de una institución, y más aún como la Iglesia Católica, sería contraproducente porque la convertiría en mártir y atraería más fieles y como consecuencia crecería más. Como contrapartida denostaría al agresor.

Veamos un ejemplo: Supongamos que una orden oculta lanzara un artefacto explosivo en un templo de una determinada confesión religiosa muy importante en una ciudad también importante, automáticamente todos se apiadarían y esa confesión religiosa y ganaría más adeptos.

Interlocutor: Y trascendería…

 Ron Hubbard: Sí, trascendería, pero por lástima, en el sentido de "pobres, mira lo que les han hecho por querer difundir la verdad". Sea la Iglesia Católica o cualquier otra religión quedarían en mejor posición si la atacan.

Por eso reitero que eso de la destrucción de la Iglesia Católica no pasa de ser un mito, acrecentada por la paranoia de algunos sacerdotes que ven persecuciones por todos lados.

Interlocutor: ¿Los ritos de la Masonería son tan tontos como los pintan?

Ron Hubbard: Por supuesto… La única función que tienen es deslumbrar a los que recién se inician.

Interlocutor: ¿Hay algún momento en qué los masones se dan cuenta de que lo que les enseñan es toda una bobería y dejan la organización?

Ron Hubbard: Salvo raras excepciones no se dan cuenta. Voy a dar un ejemplo. Hay una orden protestante que fue creada en el Siglo XIX y que son los Testigos de Jehová. Esta orden, y esto no es un prejuicio sino una realidad, está compuesta de necios, cretinos, tontos, obcecados, cerrados, y todos los epítetos que se te ocurran para calificarlos, porque todas las reuniones son un calco de otras. Me hacen acordar a los engramas: A=A=A=A…

Interlocutor: Entiendo perfectamente la ironía…

Ron Hubbard: Bueno, así son las reuniones de los masones: la primera es igual a la segunda que es igual a la tercera que es igual a… Fíjate que si un Testigo de Jehová, adepto, hermano, o como se les llame, va durante diez años a la iglesia, va a tener la misma "sabiduría" al final que la que tenía al principio. Y esto a pesar de que ha subido escalón por escalón, a pesar de que se han recibido de pastores. Siguen siendo igual de cerrados e ignorantes.

Salvando las distancias, en la Masonería es exactamente lo mismo. Porque ellos mismos se van creyendo lo que están diciendo. De pronto yo, estando encarnado, te vendo algo, y estoy tan convencido de eso que te vendo que yo mismo me lo creo.

Interlocutor: A ver si entiendo el concepto… ¿Usted me está diciendo que saben que es un fraude pero terminan autoconvenciéndose de que es una verdad?

Ron Hubbard: ¡Exacto! Es como el vendedor de un quitamanchas que sabe que no sirve, pero que de tanto venderlo y de destacar sus cualidades termina creyendo que el quitamanchas que vende es una verdadera maravilla.

Interlocutor: ¿Pero eso no es acaso un engrama?

Ron Hubbard: ¡Por supuesto que es un engrama! El autoconvencimiento es en realidad un autoimplante.

Interlocutor: Es verdaderamente sorprendente… Aquí tengo un escrito criticando a la Masonería de un cardenal llamado José María Caro Rodríguez que, más allá de los prejuicios que pueda tener, y a pesar de que no logra descifrar cuál es en verdad el famoso secreto masónico, me parece bastante lúcido y acierta en la evaluación… ¿Es así?

Ron Hubbard: Así es. En general está bien, pero sácale la parte paranoica de que la finalidad de la Masonería es la destrucción de la Iglesia católica.

Interlocutor: Quiero insistir en una cuestión: ¿La Masonería es similar a los ascensos que pueda tener un empleado en una administración pública, que empieza limpiando los baños y luego va ascendiendo hasta llegar a jefe y sigue siendo el mismo ignorante que cuando entró?

Ron Hubbard: Los seres humanos están tan condicionados que si tu tomas un oficinista que tiene su escritorio propio y le cambias una abrochadora de lugar, si él no percibe qué es lo que se cambió de lugar se va a sentir descompuesto todo el día porque va a notar que algo está mal en su escritorio pero sin saber a ciencia cierta qué es lo que está mal.

A tal punto están, por un lado, tan condicionados los seres humanos, y por el otro están tan dormidos, que no se dan cuenta de que, primero, no importa que la abrochadora haya sido cambiada de lugar, porque no hace a la cuestión, y segundo, que si estuvieran más atentos sabrían que fue cambiada de lugar.

Pero como no perciben el hecho de que fue cambiada de lugar, y sí les importa que todo esté bien acomodado como ellos lo dejaron, la persona se siente mal.

Traducido esto a la jerga de escalonamiento en todo lo que es masón, son enseñados de tal manera que a medida que van creciendo en grados se van sintiendo cada vez más importantes, sin darse cuenta de que el edificio al que van subiendo es de humo y no de piedra sólida como ellos creen.

Interlocutor: ¿Pero a medida que ascienden de grado no van tomando contacto con personalidades del mundo que son masonas pero que antes desconocían que lo fueran?

Ron Hubbard: Ése es uno de los alicientes. Imagínate, si yo, encarnado, que soy un don nadie, después de jurar solemnemente que guardaré el secreto, de pronto me ascienden de grado y me relaciono con una personalidad del mundo de los negocios que es masón como yo y llego a estar en el mismo nivel de supuesta igualdad, ¿cómo no voy a sentirme halagado en mi ego de ser masón?

Interlocutor: ¿Existen esos juramentos tan terribles como dicen? Me refiero a aquellos que hablan de cosas como "que me corten la lengua si hablo sobre lo que he jurado no revelar" y cosas por el estilo.

Ron Hubbard: En la actualidad, no. Antes sí. Hoy nadie es tan tonto como para ser convencido de guardar silencio por algo así. Además, existe el periodismo. Si yo soy masón y por alguna razón quiero revelar secretos sin ser descubierto nada me impide conversar a través de Internet con un periodista para que se den a conocer al público.

Interlocutor: ¿Es cierto que los que se inician como masón pasado un tiempo se dan cuenta de que les han tomado el pelo y se van?

Ron Hubbard: No, reitero lo que ya he dicho: es muy difícil que descubran el engaño porque son condicionados.

Interlocutor: ¿Pero cuál es la razón de que algunos se hayan ido de la organización?

Ron Hubbard: Se van porque dejó de atraerles la pertenencia a esa orden, sea porque la han cambiado por otras aficiones o porque simplemente han decidido dedicarse más a su familia o a su profesión, etc.

Además, cuando son jóvenes también abandonan la organización cuando se dan cuenta de que los beneficios económicos que les han prometido no aparecen, y cosas así.

No te olvides que el anzuelo de la Masonería es precisamente entusiasmar al postulante con el status social y los beneficios económicos que obtendrá. En este sentido no tienen ningún reparo en poner como ejemplo a cualquiera que esté en un alto nivel social y señalarlo como masón y que gracias a serlo está en ese alto nivel.

Como esto es irreal, un muchacho que entra en la Masonería cuando tenía veintidós años y al llegar a los veintisiete ve que no ha progresado nada, que sus problemas siguen lo mismo y que sigue trabajando en la vida diaria en el mismo puesto de empleado que antes, simplemente se va.

 Interlocutor: ¿Y puede irse sin problemas?

Ron Hubbard: En un caso como el del ejemplo, sí, porque se trata de alguien inofensivo que no perjudicará a la organización.

Interlocutor: Volviendo a la cuestión de la cúpula de la Masonería… ¿Hay alguno que sea el jefe máximo?

Ron Hubbard: No, no hay un jefe máximo. Lo que hay es un jefe en cada país.

Interlocutor: Obviamente están conectados…

Ron Hubbard: Por supuesto. Están conectados permanentemente y hacen reuniones periódicas.

Interlocutor: ¿Tienen mucho dinero y poder?

Ron Hubbard: Si, porque el dinero y el poder son los ítem principales de la cúpula de la Masonería. Pueden llegar a destruir organizaciones, lograr que tal o cual masón ocupe algún alto cargo, sea en una empresa, sea en puesto gubernamental, por ejemplo como senador o diputado. Si les conviene también pueden desacreditar a alguien.

Interlocutor: ¿Siempre actúan así? Me refiero a que utilizan la astucia y nunca la violencia física.

Ron Hubbard: Su forma de actuar no es a través de la violencia, pero sin embargo las consecuencias la producen. Te voy a dar un ejemplo. En Colombia hay una guerrilla, entonces el presidente americano da una orden al Congreso de que se apruebe bombardear un campo de drogas. El congreso demora en aprobarlo, entonces por decreto especial el presidente ordena que a las 8 horas del día siguiente bombardeen esa zona. No importa la gente que muera.

Los demócratas, que están en contra de esa decisión presidencial porque la consideran arbitraria en razón de su inconstitucionalidad −si bien evita la difusión de la droga no pasa primero por el Congreso−, no tienen como frenar esa orden presidencial.

Lo que hace la cúpula masónica, entonces, llama a algún periodista ambicioso que quiera escalar rápidamente posiciones y le dicen de buena fuente que el presidente a las 8 de la mañana del martes 2 de enero va a bombardear determinado lugar a doscientos kilómetros al norte de Bogotá. El periodista, obviamente, lo quiere publicar en el diario. Cuando el periodista lo va a publicar, el jefe del diario le dice que "eso es una locura, nos vamos a meter en juicios", etc. etc.

Entonces lo consulta con sus abogados y éstos le aconsejan no publicar esa noticia por el riesgo que significa.

A consecuencia de ello, el periodista, indignado porque se pierde una primicia, lo publica a través de Internet.

Lo que está haciendo la cúpula masónica en realidad es intentar parar el ataque a la zona de drogas porque ellos están prendidos en el negocio de la venta de drogas.

Algunos de los narcotraficantes colombianos ven Internet y se dan cuenta que a las 8 de la mañana van a bombardear la zona de drogas y entonces se preparan con misiles y cuando aparecen los F 18 derriban a uno y el piloto muere.

El campo es bombardeado, la droga es eliminada, pero el piloto murió por culpa de la publicación en Internet del periodista irresponsable y de los masones que metieron púa.

Interlocutor: No entiendo… ¿Y cuál es la ganancia de los masones?

Ron Hubbard: En este caso ninguna. Simplemente quise darte un ejemplo de cuál es el tipo de manipulación que hace la cúpula masónica, que aunque sus métodos no sean violentos, finalmente acarrean violencia.

El intento de los masones fue de que si el presidente miraba la noticia que en Internet se había dado anticipadamente, quizás optaría por detener el bombardeo para no quedar mal parado. En este caso no sucedió así y el bombardeo no se detuvo.

El final de todo esto fue que después se acusó al periodista de asesino porque por su culpa murió un piloto de un F 18.

Interlocutor: Bueno, creo que al periodista no le pueden hacer nada por el principio de la libertad de prensa…

Ron Hubbard: Es correcto…

Interlocutor: ¿Es un ejemplo o el hecho es real?

Ron Hubbard: Se trata de un hecho real. Era una noticia que difundió un senador que en este momento existe, es contrario al presidente Bush y tiene el 93 % de apoyo del pueblo y es masón.

Interlocutor: ¿Bush es masón?

Ron Hubbard: No, pero hay un ala demócrata que pertenece a la Masonería.

Interlocutor: Volviendo a la cúpula de los masones, ¿tienen realmente tanto poder como se dice?

Ron Hubbard: El poder lo tienen en el sentido de que pueden acreditar o desacreditar gente. Manejan periódicos, sea porque son dueños o porque son inversionistas, y esto ya de por sí es un tremendo poder porque manipulan a la opinión pública.

Interlocutor: ¿Son narcotraficantes?

Ron Hubbard: No son narcotraficantes, sino oportunistas, es decir, si llega a haber alguna oportunidad como esa de Colombia, donde los narcotraficantes le piden ayuda a cambio de un porcentaje en las ventas, por supuesto que lo hacen.

Interlocutor: ¿Y la pornografía?

Ron Hubbard: Están dentro de la pornografía porque la ven como un buen negocio.

Interlocutor: ¿Incluso la pornografía infantil?

Ron Hubbard: No, de la pornografía infantil no, solamente de la adulta, porque no quieren comprometerse. No te olvides que la pornografía adulta es legal. Hubo algunos masones de grados menores que han distribuido pornografía infantil a través de Internet y directamente los han ejecutado de modo que pareciese accidente o suicidio. A uno de ellos lo quemaron junto con su departamento

Interlocutor: ¿Cómo lo hicieron?

Ron Hubbard: A través de agentes encubiertos.

Interlocutor: Pero parecería que algo de bueno tienen. Me refiero a combatir la pornografía infantil…

Ron Hubbard: No lo hacen por una cuestión de moral, sino porque no quieren exponerse a ningún descrédito ni a ningún conflicto. Es una cuestión de política, no de moral. Mientras estén dentro de la ley, ni la policía ni el FBI se va a meter con ellos.

Interlocutor: ¿Hay masones dentro del FBI o de la CIA?

Ron Hubbard: Por supuesto, hay masones en ambas organizaciones.

Interlocutor: ¿Pero aunque sea mínima, no existe alguna doctrina religiosa o algo que se le parezca que se les inculque a los masones?

Ron Hubbard: Solamente a los jóvenes. Los engañan prometiéndoles crecimiento espiritual, crecimiento económico a través de los decretos, que sabemos que son únicamente meras expresiones de deseos y todas esas cosas.

El truco que utilizan para engatusar es que les inculcan la idea, falsa por supuesto, de que a medida que ascienden en los grados masónicos la misma ley cosmogónica del "Gran Arquitecto Universal" se encarga de proveerles salud, riqueza y todo aquello que es deseable para cualquiera.

Interlocutor: ¡En definitiva toda una patraña!

Ron Hubbard: Tú lo has dicho.

Interlocutor: Usted sabe que me gusta criticar duramente todo aquello que merezca ser criticado duramente. ¿Cuál sería la crítica que le podría hacer a los masones, además de lo que usted me ha dicho hasta ahora?

Ron Hubbard: La crítica es que engañan a la gente con una falsa propuesta espiritual, cuando lo que en realidad buscan es, como ya te lo señalé, es el poder, la riqueza y la manipulación.

Es lo mismo que los Testigos de Jehová, que venden millones y millones de libros en todo el mundo y su variedad es solamente aparente porque todos son iguales.

Interlocutor: ¿Pero la Masonería tienen libros? Me refiero a que si yo pudiera obtener uno me enteraría de lo que piensan.

Ron Hubbard: No, porque escribir sería comprometerse con lo que dicen. De esta forma los críticos podrán conjeturar sobre sus ideas pero sin tener ninguna certeza sobre ellas.

Interlocutor: ¿El supuesto secreto es entonces nada más que un arma estratégica?

Ron Hubbard: Totalmente.

Interlocutor: A ver si entendí: ¿El gran secreto masónico es que no hay ningún secreto?

Ron Hubbard: Exacto.

Interlocutor: Apenas puedo creer que sobre la nada se haya creado una organización tan poderosa. No hay ninguna duda que los seres humanos estamos totalmente locos…  Me pregunto cómo es posible que haya habido grandes hombres de la historia que se sabe que han sido masones…

Ron Hubbard: Esos son los líricos de la masonería. En América del Sur, por ejemplo, en el siglo XIX había personalidades políticas y militares muy importantes que creían que estaban brindando su aporte a la humanidad al formar parte de la Masonería.

Interlocutor: En este momento recuerdo como masones a Sarmiento, San Martín, Belgrano, Bolívar…

Ron Hubbard: Así es… Ellos eran grandes idealistas y espíritus de Luz. A pesar de haber combatido algunos de ellos en batallas y haber sido causantes de muertes no descendieron de nivel espiritual porque se evaluó su condición de libertadores de pueblos.

Ellos no eran masones por el poder, sino, por el contrario, por el aporte que creían que daban a la causa de la libertad.

Su idealismo era lo que justamente los hacía fácil presa de los masones de grado superior. Un idealista es más fácil de manejar que un adolescente.

Interlocutor: Fíjese que es la primera vez que me sucede algo así. Hace más de media hora que usted me está hablando de la Masonería desde el punto de vista de la cúpula máxima y es como si me hubiera hablado del aire… ¡No tengo de donde asirme, pues no me ha dicho nada que valga la pena!

Ron Hubbard: ¡Exacto! Esa impresión que tienes es lo que esta sesión está precisamente demostrando de la Masonería.

Interlocutor: Me resulta muy difícil entender como con nada se puede embaucar a tanta gente y obtener tanto poder.

Ron Hubbard: Es sencillo… Imagínate que a alguien que es un don nadie le digan que entrando en la orden masónica en tres años puede ser una gran personalidad en el mundo de los negocios y codearse con el poder, tener casa propia, riqueza… De esta forma no solamente caen los tontos sino los ambiciosos, cegados por su propia ambición.

Interlocutor: ¿Cuántos son los capos máximos? ¿Cinco, seis, diez?

Ron Hubbard: Son doce, distribuidos en todo el mundo.

Interlocutor: ¿Lo único que les interesa a esos doce capos máximos es el dinero, el poder y la manipulación?

Ron Hubbard: Exacto. Todo gira alrededor de estos tres rubros.

Interlocutor: ¿Manipulan también a la Iglesia Católica?

Ron Hubbard: No, porque la Iglesia Católica tiene poder propio.

Interlocutor: ¿Manipulan a algún gobierno?

Ron Hubbard: Gobiernos no, sino tendencias. Pueden apoyar, por ejemplo, la postulación de alguien a gobernador, pueden llegar a manipular votos. Hay gobernadores en Estados Unidos que han llegado a serlo por este tipo de manipulación.

Interlocutor: ¿Los masones de grados bajos serían algo así como los idiotas útiles del comunismo y del nazismo?

Ron Hubbard: Preferiría llamarlos ingenuos, porque idiotas útiles es un término peyorativo. No obstante, a algunos no se los pueden llamar ingenuos porque tienen mucho conocimiento y después trepan, quizás haciéndose amigo o la mano derecha de alguien que tenga poder.

Interlocutor: Por lo que usted me dice no sería correcto decir que los "vivos vivos" son los doce de la cúpula y de allí para abajo son todos ingenuos…

Ron Hubbard: Por supuesto. Reducir a doce los "vivos vivos" como tú dices sería absurdo… Hay cientos y cientos así.

Interlocutor: ¿Esos doce tienen realmente poder de decisión?

Ron Hubbard: En general sí, pero no es un poder omnímodo. Si hay por ejemplo un senador que no figura en la cúpula puede discutir con ellos alguna decisión e incluso ganarla. Además, los doce no son eternos porque van rotando.

Quiero agregar, o mejor aún ratificar, algo que es muy importante. Estamos hablando de que dentro de la cúpula de los doce puede haber personas que tengan ochenta o más años y bueno, mueren y son reemplazados.

Y generalmente aquellos que forman parte de los doce tienen puestos terrenales importantes, tales como primer ministro, jefe de partido o incluso pariente de un príncipe…

Interlocutor: Entiendo lo que me quiere decir. Por lo que veo abarcan mucho… ¿Cuántos serán en la actualidad los masones en todo el mundo?

Ron Hubbard: Alrededor de quinientos mil.

Interlocutor: ¿Y todos en las sombras?

Ron Hubbard: No, no todos. Depende del lugar y de cómo sean vistos los masones. Yo puedo, por ejemplo, en una determinada populosa ciudad, subirme arriba de una caja y empezar a gritar ¡soy un masón de grado 30 y tengo noticias para darles! Bueno, se pararán dos o tres personas por curiosidad y luego seguirán su camino sin darme ninguna importancia. En otras, en cambio, los masones son mal vistos e incluso perseguidos.

Interlocutor: Entiendo… ¿Es real que maquinan todas las tonterías posibles para captar incautos porque lo único que buscan es el dinero que les pueden sacar?

Ron Hubbard: Eso es exacto. Lo único que les interesa es el dinero. Ésta es la razón de que cambien constantemente de táctica, de modo que todos, no importa las ideas que profesen, deístas, ateos, católicos, mahometanos, lo que fuere, son bienvenidos a las filas de la Masonería.

Interlocutor: Y aunque ya se ha dicho quiero reiterarlo para no tener duda alguna: la espiritualidad, así como las ideas de "libertad, igualdad y fraternidad" las usan exclusivamente para captar adeptos que pongan dinero y nada más.

Ron Hubbard: Totalmente. Eso es lo único que les interesa. Por supuesto que algunos creerán que el dinero es para hacer obras de bien cuando en realidad es para manipular votos, puestos o incluso gobiernos. 

Interlocutor: Maestro, me siento casi frustrado con respecto a la Masonería, porque nunca pensé que sería algo tan vacío. Me siento como si tratara de sacar agua de un pozo seco.

Ron Hubbard: El hecho de que no hayas extraído nada no significa que no haya sido jugoso lo que no se dijo. ¿Entiendes la ironía de estas últimas palabras?

Interlocutor: Está muy claro su sentido… ¿Los inicios de la Masonería no tienen nada de esotérico ni de misterioso como se quiere hacer creer?

Ron Hubbard: No, para nada. Hay muchos misterios que no son tales y hay muchas búsquedas que no tienen sentido, como la del Santo Grial, la del Arca de Noé, y muchas otras simplemente porque en la realidad no existen.

Interlocutor: ¿Los doce integrantes de la cúpula tienen perfecta conciencia del engaño? Lo pregunto porque a lo mejor tienen alguna idea religiosa especial y creen que está bien lo que hacen sobre la base de que el fin justifica los medios? Con esta pregunta quiero concretar bien si hay algún tipo de idealismo aunque erróneo.

Ron Hubbard: No, dentro de los doce no. No son idealistas sino materialistas puros que tienen en claro que lo único que buscan, como ya te aclaré, es el dinero porque el dinero da poder para manipular. No busques otro propósito porque no lo hay, ni siquiera el de destruir ninguna religión. No les interesa la religión ni siquiera para combatirla.

Interlocutor: ¿Y hacia abajo?

Ron Hubbard: Dentro de los cien que se encuentran en el grado inferior al que se encuentra la cúpula, que vendría a ser la segunda cúpula, aún hay algunos idealistas que cooperan creyendo que están contribuyendo al bien de la humanidad.

Interlocutor: Bueno, Maestro, doy por terminado el tema, bastante desilusionado porque esperaba la revelación del "Gran Secreto de la Masonería" y resulta que era todo un bleff…

En conclusión, veo que el secreto mejor guardado es el secreto de que no hay ningún secreto… ¡Con razón nadie pudo descubrir el gran secreto masónico!

Ron Hubbard: Así es, y tú ya sabes que la naturaleza aborrece el vacío y cuando no se sabe nada de algo, esa nada se tiende a llenarla con cualquier cosa…Y ésta es la razón de que se haya inventado que el propósito secreto de la Masonería es la destrucción de la Iglesia. ¡Nada más alejado de la verdad!

Interlocutor: ¿Doy por sentado que los que están detrás de los Masones, en última instancia, son los espíritus del Error?

Ron Hubbard: No lo dudes ni por un instante. Los espíritus del Error siempre están presentes donde hay ignorancia y cretinismo.

Interlocutor: Creo que todo este tema de la Masonería y el secreto masónico está perfectamente aclarado… ¿Le parece darlo por terminado aquí?

Ron Hubbard: De acuerdo.

Más información en http://www.grupoelron.org/quienes/masoneria.htm

 
 


Paz, Força e Alegria
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